jueves, 8 de junio de 2017

INSOMNIO

Por Boris Aguilar Bustamante

«Ábreme, estoy abajo. Sal pronto que me congelo». Con tus tacos en la mano en la madrugada del domingo me sonreías cuando te abría la puerta. Podrían desearte muchos hombres, pero siempre era conmigo con quien terminabas tu sábado por la noche, en aquel tiempo cuando aún nuestros cuerpos se buscaban y se rehusaban a dejarse. Fingía que dormía al contestar tu llamada, pero en realidad te esperaba despierto porque sabía que vendrías. Lo presentía. Lo deseaba.
Finalmente, en algún tiempo, mi teléfono dejó de sonar. Cuando dejamos de vernos comenzó mi insomnio, porque aún cuando sabía que ya no te volvería a ver, mi mente y mi corazón se rehusaban a dejar de aguardarte, y sigo aquí esperando despierto a que suene mi teléfono: «Ábreme, te he extrañado».


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