jueves, 4 de enero de 2018

ARENAS MOVEDIZAS

No habría imaginado, años atrás, cuando nos conocimos en aquel último año de la universidad que terminaríamos donde hoy nos encontramos. Recuerdo que en aquel tiempo no tenía un solo centavo. Tenía muchas deudas y apenas lograba que el dinero me alcanzara. Recuerdo a los novios de tus amigas quienes iban a recogerlas en sus autos del año y yo ni siquiera podía llevarte al cine. Me sentía muy frustrado. Todo lo que en aquel entonces podía darte eran papeles con mis escritos hechos a puño y letra. A pesar de eso, estuviste junto a mí.

Pronto me deshice de la frustración y comencé a ordenar mis ideas. Comencé a labrar mi porvenir con mucho esfuerzo, y en aquellos momentos malos, no te fuiste, te quedaste. Nuestros compañeros ya estaban casándose, mudándose juntos, comprando sus casas, sus autos, formando sus familias, pero a pesar de que incluso yo pensaba que te perjudicaba al dilatar esa parte de tu vida al privarte de una casa y un hogar estando yo quebrado, te quedaste, junto a mí, alentándome.

Recuerdo que conseguiste una entrevista de trabajo en una gran corporación y fuiste pronto contratada. Me sentía tan orgulloso al ver que de entre cientos de aspirantes, hayas sido tú la elegida, porque siempre has sido brillante y muy profesional. Recuerdo sentirme muy mal los meses posteriores porque comenzaste a ganar dinero y yo seguía remando entre arenas movedizas aún sin despegar, sin poder darte lo que quería. Ahora eras tú quien pagaba el cine, me compraba lo que necesitaba, y siempre se preocupaba de que nada me faltara. Y yo, remando y remando entre arenas movedizas.

Al cabo de algún tiempo, te habían promovido. Tu salario se disparó. Comenzaste a conocer gente importante y a asistir a banquetes y presentaciones prestigiosas. Yo sentía que seguía en el mismo lugar, remando y remando entre arenas movedizas, y a diferencia tuya, yo no estaba ganando más dinero, al contrario, lo estaba perdiendo. Pero me alentabas a seguir, ayudándome a buscar la paz que necesitaba para poder resolver el laberinto. Y a pesar de que tenías cada vez más éxito, no te fuiste, te quedaste, alentándome.

Al cabo de algunos años, tras tanto tiempo dedicándole mi vida entera a mi sueño, finalmente lo había conseguido. Fracasé muchas veces antes de lograrlo, pero cuando al fin lo logré, el éxito fue exuberante. Raudales de dinero comenzaron a llegar y pronto sería uno de los hombres de mayor ingreso del país. Ahora, tras haber superado la miseria, te pregunté por qué te quedaste todo este tiempo, y me diste la respuesta más simple de todas: "porque te amaba y amo aún". Hoy pude al fin entender que junto a ti, aun siendo pobre, fui rico todo el tiempo.

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Boris Aguilar Bustamante
27/12/2017



1 comentario:

  1. Realmente espero que este tipo de historias sean reales y verdaderas...

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